La orden del Temple no fue condenada. Es una de las ideas que más sorprenden a quien se acerca por primera vez a su historia, pero es exacta. El papa Clemente V la suprimió en 1312 mediante una bula, Vox in excelso, que evita cuidadosamente declarar culpable a la institución. Para entender por qué se eligió esa fórmula hay que conocer el concilio en el que se tomó la decisión.
Cinco años de proceso
Entre 1307 y 1311 el caso templario avanzó por dos vías paralelas. Por un lado, comisiones diocesanas juzgaban a los templarios como individuos en cada territorio. Por otro, una comisión pontificia investigaba a la orden como institución. Los resultados eran muy desiguales. En Francia, donde la presión real fue enorme, abundaron las confesiones. En Castilla, Portugal, Aragón, Chipre o Alemania los tribunales no encontraron pruebas de herejía.
En París, además, la defensa de la orden tomó fuerza en 1310: cientos de templarios se ofrecieron a defenderla ante la comisión pontificia. La respuesta del arzobispo de Sens, aliado del rey, fue condenar como relapsos a cincuenta y cuatro templarios que se habían retractado de sus confesiones. Fueron quemados en mayo de 1310. La defensa se derrumbó.
Las actas de la comisión pontificia de París, editadas por Jules Michelet en el siglo XIX, recogen los nombres de los templarios que se presentaron como defensores y las protestas de sus portavoces, entre ellos Pedro de Bolonia y Reinaldo de Provins.
El concilio de Vienne
El papa convocó un concilio general en Vienne, en el valle del Ródano, que se abrió el 16 de octubre de 1311. El destino del Temple era el asunto principal, junto con la cruzada y la reforma de la Iglesia. Asistieron más de un centenar de obispos y abades.
Según las fuentes, una mayoría de los prelados era partidaria de permitir que la orden se defendiera antes de decidir. El papa se mostró reacio. Mientras tanto, Felipe IV presionaba: en marzo de 1312 se presentó en las cercanías de Vienne acompañado de una fuerza considerable.
El grado exacto de coacción del rey sobre el papa es objeto de debate. Para unos, Clemente V actuó prácticamente como un rehén de la monarquía francesa; para otros, compartía en parte las dudas sobre la orden y prefirió una salida rápida para salvar la cruzada y evitar un proceso póstumo contra Bonifacio VIII, que el rey también reclamaba.
La fórmula de la supresión
El 22 de marzo de 1312, en consistorio secreto, el papa firmó Vox in excelso. La bula fue leída públicamente en la sesión del concilio del 3 de abril, en presencia del rey. Su argumento es jurídicamente muy preciso.
El papa no declara herética a la orden. Explica que, aunque las pruebas no permiten una sentencia definitiva de condena, la orden ha quedado tan desacreditada que nadie querría ya ingresar en ella, que su utilidad para Tierra Santa ha desaparecido y que retrasar la decisión provocaría la dilapidación de sus bienes. Por todo ello la suprime «no por vía de sentencia definitiva, sino por vía de provisión o disposición apostólica».
La expresión latina non per modum definitivae sententiae, sed per modum provisionis seu ordinationis apostolicae figura en el texto de la bula. Es la clave de su interpretación: una medida de gobierno, no un juicio sobre la culpa.
Adónde fueron los bienes
El 2 de mayo de 1312 la bula Ad providam transfirió los bienes del Temple a la orden del Hospital de San Juan, con la intención declarada de que siguieran sirviendo a la defensa de Tierra Santa. En la práctica, la transferencia fue lenta y costosa. En Francia, el rey reclamó compensaciones por los gastos del proceso y por supuestas deudas de la orden con la corona.
La península ibérica fue una excepción. Los reyes de Aragón, Castilla y Portugal argumentaron que los bienes templarios eran necesarios para la frontera con al-Ándalus y que no debían reforzar a una orden extranjera. El papa dejó en suspenso la decisión sobre esos territorios. De esa negociación nacerían la orden de Montesa en Valencia y la orden de Cristo en Portugal.
Qué pasó con los templarios
Una tercera bula, Considerantes, de mayo de 1312, reguló la situación de las personas. Los templarios que hubieran sido absueltos o que se reconciliaran con la Iglesia recibirían una pensión con cargo a los antiguos bienes de la orden y podían vivir en casas de la orden o en monasterios. Los que se negaran a confesar o se retractaran serían juzgados con rigor. Los grandes dignatarios quedaban reservados al juicio del papa.
La mayoría de los antiguos templarios vivió el resto de su vida en una situación discreta, cobrando su pensión. Algunos ingresaron en otras órdenes, incluida la del Hospital. Hay documentos que muestran a exhermanos ya mayores reclamando el pago de sus pensiones años después.
Según la tradición esotérica, la orden no desapareció en 1312, sino que pasó a la clandestinidad y transmitió su legado a sociedades posteriores, como la masonería. No hay ningún documento que muestre esa continuidad. Las «órdenes templarias» modernas surgieron en el siglo XVIII y posteriores, y no tienen relación institucional demostrable con la orden medieval.
Una supresión que no se ha revocado
Vox in excelso sigue vigente: la Iglesia no ha restablecido la orden del Temple. La publicación del pergamino de Chinon en 2007 se interpretó a veces como una rehabilitación, pero no cambió el estatuto jurídico de la orden. Lo que sí ha cambiado es la valoración histórica: hoy pocos historiadores sostienen que el Temple fuera una organización herética, y la mayoría ve su final como el resultado de una combinación de presión política, crisis de su misión y un proceso construido sobre confesiones forzadas.
Fuentes del artículo
- Clemente V — bulas Vox in excelso (22 de marzo de 1312), Ad providam (2 de mayo de 1312) y Considerantes (6 de mayo de 1312).
- Michelet, Jules (ed.) — Le Procès des Templiers.
- Barber, Malcolm — The Trial of the Templars.
- Menache, Sophia — Clement V, Cambridge University Press.
- Demurger, Alain — Vida y muerte de la orden del Temple.
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