Cuando el papa Clemente V suprimió el Temple en 1312, decidió que sus bienes pasaran a la orden del Hospital. Pero dejó una puerta abierta: los reinos de la península ibérica quedaron provisionalmente fuera de esa decisión. Sus reyes alegaron que la frontera con el reino nazarí de Granada seguía activa y que no querían que una orden con sede fuera de sus reinos acumulara todavía más poder dentro de ellos. De esa negociación nacieron dos órdenes nuevas que, en buena medida, heredaron el patrimonio y la función del Temple.
La Corona de Aragón: nace Montesa
Jaime II de Aragón había actuado con dureza contra los templarios en 1307-1308, en parte por presión exterior y en parte por oportunidad. Pero cuando llegó el momento de repartir los bienes, defendió con energía que no pasaran íntegros al Hospital. Las negociaciones con Roma se prolongaron varios años.
El acuerdo llegó en 1317 con el papa Juan XXII. En Aragón y Cataluña, los bienes templarios pasaron al Hospital. En el reino de Valencia, en cambio, los bienes del Temple —y también los del Hospital— se destinaron a una orden nueva, con sede en el castillo de Montesa, en el sur del reino, cerca de la frontera con Castilla y del antiguo territorio musulmán.
La orden de Santa María de Montesa fue creada por la bula Pia mater de Juan XXII, de 10 de junio de 1317. Su primer maestre fue Guillem d'Eril. La orden se vinculó a la de Calatrava y, a través de ella, a la disciplina cisterciense.
Montesa no era una continuación directa del Temple. Su regla procedía de Calatrava, y su vinculación al Císter la situaba en la tradición de las órdenes militares hispánicas. Sin embargo, algunos de sus primeros miembros habían sido templarios, y la mayor parte de su patrimonio inicial procedía de antiguas encomiendas templarias valencianas, como Peñíscola, Ares, Culla o Xivert.
El castillo de Montesa fue sede de la orden hasta 1748, cuando un terremoto lo destruyó en gran parte. La orden se trasladó entonces a Valencia. En 1587 el maestrazgo se había incorporado a la corona, como había ocurrido antes con Santiago, Calatrava y Alcántara.
Portugal: la Orden de Cristo
En Portugal la historia fue distinta desde el principio. El rey Dinis I no persiguió a los templarios con dureza, y los tribunales eclesiásticos portugueses no encontraron pruebas contra ellos. Cuando llegó la supresión, el rey se aseguró de que los bienes templarios no salieran del reino.
Tras varios años de negociación, en 1319 el papa Juan XXII aprobó la creación de una nueva orden: la Milicia de Nuestro Señor Jesucristo, conocida como Orden de Cristo. Recibió los bienes y castillos del antiguo Temple portugués y se le encomendó la defensa frente al islam.
La bula fundacional de la Orden de Cristo, Ad ea ex quibus, es de 14 de marzo de 1319. La sede inicial fue Castro Marim, en el Algarve, y en 1357 se trasladó a Tomar, el antiguo cuartel general templario en Portugal.
Aquí la continuidad con el Temple fue mayor que en Valencia. La sede de Tomar, con su célebre iglesia redonda —la charola, inspirada en el Santo Sepulcro de Jerusalén—, había sido construida por los templarios en el siglo XII. Varios antiguos templarios se integraron en la nueva orden, y su cruz roja recordaba deliberadamente a la del Temple.
La Orden de Cristo y los descubrimientos
En el siglo XV, la Orden de Cristo vivió su momento más conocido. El infante Enrique, conocido como el Navegante, fue su administrador desde 1420. Las rentas de la orden contribuyeron a financiar las expediciones portuguesas por la costa africana y el Atlántico, y la cruz de la orden se pintó en las velas de muchas naves portuguesas.
El papado concedió a la orden derechos espirituales sobre los territorios descubiertos. Más tarde, el maestrazgo se vinculó a la corona portuguesa y la orden perdió su carácter militar, aunque sobrevivió como orden honorífica. Hoy sigue existiendo como orden civil portuguesa.
Se suele afirmar que la Orden de Cristo «heredó» los conocimientos náuticos o el saber de los templarios. No hay pruebas de una transmisión de conocimientos especiales. Lo que sí heredó fue patrimonio, rentas y una estructura organizativa, que la monarquía portuguesa utilizó con eficacia.
Castilla, sin heredera
En Castilla no se creó una orden nueva. Los bienes templarios se repartieron entre la corona, la nobleza y otras órdenes militares, como Santiago, Calatrava y Alcántara, en un proceso desordenado que dio lugar a numerosos pleitos. Muchas posesiones acabaron en manos de nobles que se las habían apropiado durante el proceso.
Según la tradición esotérica, Montesa y la Orden de Cristo habrían sido el refugio de un Temple que sobrevivió en secreto, con sus ritos y sus conocimientos intactos. Los documentos de ambas órdenes muestran instituciones nuevas, con reglas de otras órdenes y bajo control de sus reyes, que heredaron bienes y algunos hombres, pero no una tradición oculta.
Lo que demuestra este final distinto
La comparación entre los reinos es reveladora. Donde el rey quiso destruir a la orden, como en Francia, la orden fue destruida. Donde el rey quiso conservar su utilidad, como en Portugal, sus bienes y su función sobrevivieron con otro nombre. El destino del Temple dependió menos de lo que hicieran o creyeran sus hermanos que de los intereses de cada corona.
Fuentes del artículo
- Juan XXII — bulas Pia mater (1317) y Ad ea ex quibus (1319).
- Forey, Alan — The Templars in the Corona de Aragón, Oxford University Press.
- Barber, Malcolm — The Trial of the Templars.
- Josserand, Philippe — Église et pouvoir dans la péninsule Ibérique: les ordres militaires dans le royaume de Castille.
Artículo del archivo histórico del proyecto. Las interpretaciones se distinguen de las fuentes documentales.
Este texto forma parte del archivo templario. Consulta las fuentes y distingue las afirmaciones documentales de las interpretaciones y leyendas.
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