El nombre completo de la orden era Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón. De ahí viene «templarios». Pero el edificio en el que vivieron en Jerusalén no era el templo bíblico de Salomón, destruido por los babilonios en el siglo VI antes de Cristo, ni el segundo templo, reconstruido por Herodes y destruido por los romanos en el año 70. Era una mezquita.
La explanada del Templo en 1099
Cuando los cruzados tomaron Jerusalén en julio de 1099, encontraron en la gran explanada donde había estado el templo judío —el Haram al-Sharif para los musulmanes, el Monte del Templo para judíos y cristianos— dos grandes edificios islámicos. Uno era la Cúpula de la Roca, construida a finales del siglo VII. El otro, en el extremo sur de la explanada, era la mezquita de al-Aqsa.
Los cruzados no tenían un conocimiento arqueológico preciso del lugar. Identificaron los dos edificios con estructuras bíblicas. La Cúpula de la Roca se convirtió en el Templum Domini, el Templo del Señor, y se transformó en iglesia atendida por canónigos agustinos. La mezquita de al-Aqsa se convirtió en el Templum Salomonis, el Templo de Salomón, y pasó a ser palacio real.
La identificación de al-Aqsa con el «Templo de Salomón» y de la Cúpula de la Roca con el «Templo del Señor» aparece en las descripciones de peregrinos y en las crónicas del siglo XII. Era una identificación simbólica, no arqueológica.
De palacio real a cuartel general
Los primeros reyes de Jerusalén residieron en ese edificio. Hacia 1120, el rey Balduino II cedió una parte a Hugo de Payns y sus compañeros, según la crónica de Guillermo de Tiro. Cuando el rey trasladó su residencia a la ciudadela, junto a la puerta de Jaffa, los templarios fueron ocupando todo el complejo.
A lo largo del siglo XII la orden transformó el lugar. Construyó nuevos edificios, almacenes, dormitorios y una iglesia. Usó las amplias salas subterráneas abovedadas del extremo sureste de la explanada —conocidas hoy como «establos de Salomón»— como caballerizas. Un peregrino alemán, Teodorico, que visitó Jerusalén hacia 1170, describe con admiración los edificios templarios y la cantidad de caballos que podían alojar los establos.
Las salas subterráneas conocidas como «establos de Salomón» son en realidad estructuras herodianas reformadas en época omeya. Su uso como caballerizas por los templarios está atestiguado por las fuentes de peregrinos del siglo XII.
La pérdida en 1187
Cuando Saladino tomó Jerusalén en octubre de 1187, tras la derrota cristiana en Hattin, uno de sus primeros gestos fue devolver los edificios de la explanada al culto islámico. Retiró la gran cruz dorada que coronaba la Cúpula de la Roca, purificó los edificios con agua de rosas, según las crónicas árabes, y eliminó las construcciones añadidas por los templarios que obstruían la mezquita de al-Aqsa.
La orden nunca recuperó su sede original. Durante el breve periodo en que Jerusalén volvió a manos cristianas, entre 1229 y 1244 por el tratado de Federico II, la explanada quedó bajo control musulmán. El cuartel general del Temple se trasladó a Acre, donde permaneció hasta 1291.
Las leyendas de las excavaciones
Alrededor del «Templo de Salomón» se ha construido una de las leyendas más persistentes sobre los templarios: que los primeros caballeros no se dedicaban a proteger peregrinos, sino a excavar bajo la explanada en busca del tesoro del templo, del Arca de la Alianza o de documentos sagrados.
Según la tradición esotérica, los nueve primeros templarios habrían pasado nueve años excavando túneles bajo el Monte del Templo y habrían encontrado algo que explicaría el poder posterior de la orden. Ninguna fuente medieval lo menciona. La leyenda se desarrolla en los siglos XVIII y XIX en ambientes masónicos y se populariza en el siglo XX.
A veces se citan como prueba las exploraciones británicas del siglo XIX, como la de Charles Warren entre 1867 y 1870, que recorrieron túneles y cisternas junto a la explanada y a las que algunos autores atribuyen el hallazgo de objetos de época cruzada. Aunque así fuera, eso no demostraría excavaciones templarias en busca de tesoros: la explanada está llena de cisternas, canales y estructuras de muchas épocas, y la presencia de objetos medievales es lo esperable en un lugar ocupado durante siglos.
Un túnel templario real… en Acre
Paradójicamente, sí existe un túnel templario documentado y visitable, pero no en Jerusalén, sino en Acre. Descubierto en 1994, este túnel de unos 350 metros unía la fortaleza templaria de la ciudad con la zona del puerto. Es un recordatorio de que los templarios construyeron obras subterráneas con fines prácticos —logísticos y defensivos—, no para buscar el Arca.
La función exacta del túnel de Acre se discute: paso seguro hacia el puerto, conducción de agua reutilizada o ambas cosas. Su atribución a la época templaria, en cambio, es generalmente aceptada.
Por qué el nombre importaba
Llamarse «del Templo de Salomón» no era un detalle. Vinculaba a la orden con uno de los lugares más cargados de significado de la Biblia y la convertía, simbólicamente, en guardiana de la casa de Dios. Ese simbolismo ayudó a reclutar y a recibir donaciones, y ha sido también la semilla de casi todas las leyendas posteriores. Los templarios se llamaron así por el edificio en el que vivían; la historia ha querido convertirlo en un secreto.
Fuentes del artículo
- Guillermo de Tiro — Historia, libro XII.
- Teodorico — Libellus de locis sanctis (c. 1172).
- Ibn al-Athir e Imad al-Din — relatos de la reconquista de Jerusalén en 1187.
- Pringle, Denys — The Churches of the Crusader Kingdom of Jerusalem, vol. III: The City of Jerusalem.
- Barber, Malcolm — The New Knighthood.
Artículo del archivo histórico del proyecto. Las interpretaciones se distinguen de las fuentes documentales.
Este texto forma parte del archivo templario. Consulta las fuentes y distingue las afirmaciones documentales de las interpretaciones y leyendas.
Nuestro criterio editorial · Comunicar una corrección