En la primavera de 1291, Acre era la última gran ciudad cristiana de Tierra Santa. Desde la pérdida de Jerusalén en 1187, y sobre todo desde la recuperación de la costa durante la tercera cruzada, había sido la capital de hecho del reino latino. Allí tenían sus sedes centrales las órdenes militares, los comerciantes de Venecia, Génova y Pisa, y una población numerosa y diversa. En mayo de ese año todo terminó.
Un reino reducido a una franja
Durante la segunda mitad del siglo XIII, el sultanato mameluco de Egipto había ido desmantelando las posesiones cruzadas una a una. El sultán Baibars tomó Cesarea, Arsuf, Safed —una gran fortaleza templaria— y Antioquía en la década de 1260. Su sucesor Qalawun conquistó Trípoli en 1289. A comienzos de 1291 solo quedaban Acre, Tiro, Sidón, Beirut y algunos castillos, entre ellos los templarios de Tortosa y Atlit, también llamado Château Pèlerin.
El pretexto inmediato del ataque fue una matanza de mercaderes musulmanes en Acre, en 1290, protagonizada por cruzados recién llegados de Italia. Qalawun exigió que se le entregara a los culpables, y la ciudad no lo hizo. El sultán murió poco después, pero su hijo al-Ashraf Jalil retomó la campaña.
La fuente más vívida del asedio es la crónica llamada del Templario de Tiro, escrita por un autor que había sido secretario del maestre del Temple Guillermo de Beaujeu y que presenció los hechos. Las fuentes árabes, como Abu l-Fida, que participó en el asedio, ofrecen la visión del bando mameluco.
El asedio
El ejército mameluco llegó ante Acre a comienzos de abril de 1291. Las cifras de los cronistas son exageradas, pero no hay duda de que la desproporción era enorme: decenas de miles de hombres y un gran tren de máquinas de asedio frente a una guarnición de unos pocos miles de combatientes, reforzada por voluntarios y por los hombres de las órdenes.
Durante semanas, las catapultas golpearon las murallas mientras los zapadores excavaban galerías bajo las torres. Los defensores intentaron salidas nocturnas. Una de ellas, encabezada por templarios, terminó en desastre cuando los caballeros se enredaron en las cuerdas de las tiendas enemigas. Mientras tanto, mucha población civil empezó a embarcarse hacia Chipre.
El 18 de mayo, tras el derrumbe de la llamada Torre Maldita, los mamelucos lanzaron el asalto general. Guillermo de Beaujeu, maestre del Temple, fue herido de muerte en la muralla. El Templario de Tiro recoge su respuesta a quienes le pedían que no abandonara su puesto: no se retiraba, estaba muerto, y mostró la herida. Murió poco después.
Las palabras de Guillermo de Beaujeu las transmite un testigo muy cercano a él, lo que les da credibilidad, pero también un interés evidente en presentar la muerte del maestre de forma heroica. Es habitual en las crónicas medievales que los últimos momentos de un personaje importante se dramaticen.
La torre del Temple
Cuando la ciudad cayó, la casa del Temple, una gran fortaleza junto al mar en el extremo suroeste de Acre, siguió resistiendo. Allí se refugiaron templarios, otros combatientes y numerosos civiles. Los defensores negociaron una rendición con salvoconducto, pero un incidente con los soldados que entraron a tomar posesión rompió el acuerdo y la lucha se reanudó.
Durante unos diez días, la torre aguantó. Finalmente, los zapadores mamelucos minaron sus cimientos. Hacia el 28 de mayo, el edificio se derrumbó, sepultando a los defensores que quedaban y a los atacantes que habían entrado. Con esa caída terminó la resistencia en Acre.
En la Acre actual, hoy Akko en Israel, se conserva un túnel subterráneo de época cruzada que unía la zona de la fortaleza templaria con el puerto. Fue descubierto en 1994 y abierto al público años después. Es uno de los pocos restos materiales visitables del Temple en Tierra Santa.
El final en cadena
Antes del derrumbe, el comendador Tibaldo Gaudin salió de la fortaleza por mar con el tesoro de la orden y algunos hermanos, rumbo a Sidón. Allí fue elegido maestre. Pero Sidón también fue atacada y Gaudin marchó a Chipre, en teoría para buscar ayuda, sin regresar. La ciudad cayó en julio. Tiro y Beirut se rindieron sin combate. En agosto, los templarios evacuaron Tortosa y Atlit, sus dos últimos castillos en tierra firme.
La orden mantuvo todavía unos años una guarnición en el islote de Ruad, frente a Tortosa, con la esperanza de usarlo como base para recuperar la costa. Lo perdió en 1302 o 1303, tras un asedio mameluco. Muchos de los defensores fueron llevados cautivos a Egipto.
Las consecuencias para el Temple
La caída de Acre no destruyó a la orden, pero le quitó su razón de ser más visible. El Temple había nacido para defender a los peregrinos y los Santos Lugares, y ya no había Santos Lugares que defender. La sede central se trasladó a Chipre, y el nuevo maestre, Jacques de Molay, dedicó sus esfuerzos a promover una nueva cruzada que nunca llegó.
En Europa, la pérdida provocó una ola de críticas y propuestas. Se discutió fusionar el Temple con el Hospital en una sola orden, idea que Jacques de Molay rechazó por escrito. Las órdenes militares eran caras, tenían privilegios y ya no tenían un frente propio. Los teutónicos tenían el Báltico; los hospitalarios encontrarían Rodas a partir de 1306-1310. El Temple no encontró nada parecido.
Circula la idea de que el tesoro que Tibaldo Gaudin sacó de Acre incluía reliquias o documentos secretos que luego viajarían a Europa. Las fuentes solo hablan del tesoro de la orden y de los bienes que se pudieron salvar. Nada indica que contuviera nada distinto de dinero, objetos litúrgicos y documentación administrativa.
Dieciséis años después de la caída de Acre, el rey de Francia ordenó arrestar a todos los templarios de su reino. Es difícil imaginar ese golpe sin la pérdida de 1291. Una orden que todavía defendiera Jerusalén habría sido mucho más difícil de acusar.
Fuentes del artículo
- Crónica del llamado Templario de Tiro (Gestes des Chiprois), relato del asedio de 1291.
- Abu l-Fida — Al-Mukhtasar fi Akhbar al-Bashar.
- Barber, Malcolm — The New Knighthood, cap. sobre la pérdida de Tierra Santa.
- Demurger, Alain — Jacques de Molay. Le crépuscule des templiers.
- Crawford, Paul (trad.) — The «Templar of Tyre»: Part III of the «Deeds of the Cypriots».
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